Café de
COLOMBIA

Colombia es el primer productor de café arábica “lavado” del mundo

Fue el primer país productor que aplicó la mercadotecnia a su producto, situando al mismo como uno de los principales ejes de la actividad económica del país y trabajando el origen como Marca registrada, de tal manera que en algunos países decir Café de Colombia es sinónimo de Denominación de Origen Protegida.

La Federacíón Nacional de Cafeteros de Colombia fue pionera es asociar la calidad de un producto a un país concreto, y además de dotarla de entidad propia, poniendo como embajador del Café de Colombia a un representante conocido por el público del mundo entero, Juan Valdez, aunque para ello tuvieran que crear el personaje allá por los años 60 del pasado siglo.

Perfecto para expresso
UNA TAZA SUPERIOR

CULTIVO TRADICIONAL DEL CAFÉ

Las vicisitudes geopolíticas no son ajenas a Colombia, y conocido es el esfuerzo del gobierno colombianio junto al de otros países para que el cultivo tradicional del café no se extinguiera, en un mundo en el que la sustitución de los cafetales por coca era la salida más fácil a la penosa situación económica de los pueblos que podemos llamar del segundo mundo.

Premios al cultivo, préstamos “blandos” de bancos de EEUU o del Banco Interamericano de Desarrollo consiguieron frenar la caída del cultivo, pero de la mano de esos préstamos llegaron las condiciones de los mismos que son conocidas por todos y además deseables y necesarias, pues su objetivo es reducir la pobreza, luchar contra las desigualdades sociales y promover el desarrollo económico sostenible en la región.

Fue la propia sostenibilidad medioambiental la que volvió a poner en riesgo el producto final, pues el beneficiado húmedo o lavado del café, conlleva la generación de rechazos del proceso, que son los restos orgánicos del despulpado y pelado del grano y las aguas “mieles” o acidas que se generan durante las 48 horas de fermento del café lavado.

CULTIVO TRADICIONAL DEL CAFÉ

Las vicisitudes geopolíticas no son ajenas a Colombia, y conocido es el esfuerzo del gobierno colombianio junto al de otros países para que el cultivo tradicional del café no se extinguiera, en un mundo en el que la sustitución de los cafetales por coca era la salida más fácil a la penosa situación económica de los pueblos que podemos llamar del segundo mundo.

Premios al cultivo, préstamos “blandos” de bancos de EEUU o del Banco Interamericano de Desarrollo consiguieron frenar la caída del cultivo, pero de la mano de esos préstamos llegaron las condiciones de los mismos que son conocidas por todos y además deseables y necesarias, pues su objetivo es reducir la pobreza, luchar contra las desigualdades sociales y promover el desarrollo económico sostenible en la región.

Fue la propia sostenibilidad medioambiental la que volvió a poner en riesgo el producto final, pues el beneficiado húmedo o lavado del café, conlleva la generación de rechazos del proceso, que son los restos orgánicos del despulpado y pelado del grano y las aguas “mieles” o acidas que se generan durante las 48 horas de fermento del café lavado.

Calidad vs Sostenibilidad

La implementación de sistemas que evitaran que esos rechazos inundaran los ríos y los acuíferos han supuesto la innovación en cuanto a técnicas de beneficiado, pero durante esta implementación a favor de la sostenibilidad ambiental casi empírica y como en cualquier ensayo hubo si no errores, si resultados diferentes a los buscados, pues en algunos casos se cambió el perfil tradicional de la taza de Colombia, aunque por suerte siempre ha habido productores que se han resistido a perder la impronta organoléptica del café de Colombia, del primero de los suaves del mundo, encontrando regiones cafetaleras que aun con la implementación de los sistemas de control ambiental mantienen el perfil tradicional del café colombiano.

Calidad vs Sostenibilidad

La implementación de sistemas que evitaran que esos rechazos inundaran los ríos y los acuíferos han supuesto la innovación en cuanto a técnicas de beneficiado, pero durante esta implementación a favor de la sostenibilidad ambiental casi empírica y como en cualquier ensayo hubo si no errores, si resultados diferentes a los buscados, pues en algunos casos se cambió el perfil tradicional de la taza de Colombia, aunque por suerte siempre ha habido productores que se han resistido a perder la impronta organoléptica del café de Colombia, del primero de los suaves del mundo, encontrando regiones cafetaleras que aun con la implementación de los sistemas de control ambiental mantienen el perfil tradicional del café colombiano.

Un sabor suave y sofisticado

Molienda perfecta
para todo tipo de preparación

De Colombia, lo mejor

De las diferentes denominaciones de origen destacan las de Cauca y Valle del Cauca, situadas en el Mazizo Colombiano y donde encontramos suelos formados por cenizas volcánicas, lo que provoca que los cafetales retengas ácidos de esas tierras, trasladándolos al grano conjuntamente con los propios azucares de la pulpa, confiriendo a la taza sus perfil de fina acidez, dulzor pronunciado y como en todos los colombias, suavidad.

Otra zona cafetera que recientemente ha obtenido Denominación de Origen, pero que es conocida por su calidad desde siempre es Huila, situada en el Departamento de Tolima, al norte de Bogotá, y que ofrece un fruto con buen cuerpo y acidez media, achocolatado en su paso en boca y con toques de dulces a caramelo cómo los de nuestro café.