Si eres un verdadero apasionado del café, seguro que has escuchado mil veces que los coffee lovers y los baristas expertos siempre prefieren el café arábica frente al café robusta. Pero, ¿cuál es la verdadera razón detrás de esta elección? ¿Es solo una cuestión de moda o hay base científica?
Aunque morfológicamente el grano de arábica es más plano y alargado que el de robusta (que suele ser más redondo y pequeño), la verdadera magia y las mayores diferencias se encuentran en su composición química y organoléptica.
Diferencias químicas: Aroma, cafeína y aceites esenciales
Para entender por qué el café arábica está considerado un café de calidad superior, debemos analizar qué contiene cada grano. Las diferencias en taza son el resultado directo de sus componentes naturales:
- El secreto del aroma (Cafestol vs. Cahuehol): El café arábica contiene cafestol, una molécula esencial que aporta ese aroma embriagador, complejo y limpio que tanto nos gusta. En su lugar, el café robusta contiene cahuehol, un compuesto que suele aportar un olor mucho más rústico, con notas a tierra húmeda, madera o hierba.
- El porcentaje de cafeína: El arábica tiene un contenido mucho más equilibrado y sutil de cafeína. Por el contrario, el grano de robusta es mucho más fuerte en este aspecto, llegando a contener hasta 6 veces más cafeína que el arábica. Esto se traduce en un amargor muy intenso y un efecto estimulante más agresivo.
- Aceites esenciales y grasas naturales: El café arábica es infinitamente mejor en su contenido de aceites esenciales, los cuales son responsables de fijar los sabores y texturas en el paladar. El robusta, desafortunadamente, apenas contiene estos aceites, lo que da como resultado una bebida más plana y con menos matices.
El perfil de taza: ¿A qué sabe cada café?
Toda esta química influye directamente en el sabor final de tu taza mañanera. Mientras que el robusta ofrece un cuerpo espeso, un sabor predominantemente amargo y un final que recuerda al fruto seco quemado o al caucho, el arábica juega en otra liga.
El café arábica tiene un sabor mucho más suave, dulce y equilibrado. En una taza de arábica de especialidad es fácil encontrar una acidez brillante y agradable, acompañada de notas florales, frutales, achocolatadas o acarameladas. Es un café lleno de matices sutiles que cambian según su origen y su grado de tueste.
Por todas estas razones, si buscas una experiencia gourmet y cuidar tu paladar, elegir granos 100% arábica siempre será tu mejor opción. ¿Y tú? ¿Ya has aprendido a distinguir los matices de un buen arábica?